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Entrada al muelle de Corralejo (foto de Rafael Navarro Almeida)

La Bocaina 2019: un mar de emociones con el final soñado

Me despierto en una mañana fría en una habitación del Hospital,  dos celadores me cogen en peso y me llevan a la ducha, el agua no calienta, así que no queda otra que disfrutar de un baño gélido, me ayudan a vestir y desayuno un pan duro como mi presente, y un café con leche aguado que dudo que tenga cafeína, tras dos horas de terapia, vienen familiares y algún amigo con caras largas y tristes,  me encuentro, como describió mi amigo Cornelio antes de morir, en un barco sin remos al borde del abismo,  es el momento de la reunión con el equipo médico, donde mi mujer y familia estarán presentes. El Doctor Mendez toma la palabra, directo y sincero disecciona mi diagnóstico , son las peores noticias de mi vida consecuencia de una dura caída de la que escapé milagrosamente. Oyes pero casi no escuchas lo que estas diciendo, lanzas la pregunta que ya sabes la respuesta, ¿doctor podré caminar? no hayas consuelo en su respuesta, la lesión medular es completa a nivel dorsal 6, en el peor momento, lanzo otro misil tierra aire a la desesperada, ¿ y podré nadar? si, nada te lo impide…

Pensaba que en ese noviembre de 2012 había tocado fondo  pero tenía esperanzas y ganas de salir adelante gracias a todo el entorno que tenía a mi alrededor, este febrero fue aún más devastador que aquel noviembre, la tormenta perfecta se dirigió a mi corazón.  Finalizamos el año con problemas graves de pareja, con un estrés creciente con un postgrado al que no llegaba al nivel y la rematamos con la muerte repentina de mi padre por un infarto, a principios de febrero, de nuevo tocado y hundido. Fui consiente de ello en Lanzarote, nos fuimos Silvia y yo a la vuelta a Handbike como todos los años, gracias al apoyo del amigo José Ángel,  salí el domingo después de la prueba a entrenar a mi zona favorita “Salinas del Janubio- Hervideros” cuando llegué a la zona, casi no sabía como había llegado, noté que no tenia brazos, que eran como bloques de cemento armado y sobre todo que mentalmente estaba en mi peor momento vital. Bajando con la bicicleta hacia Playa Blanca, vi mi océano de sueños “La Bocaina”, un estrecho de 15 kms entre las islas de Lanzarote y Fuerteventura, con el islote de Lobos a la izquierda, que lo nadé tres veces antes del accidente, a la cabeza me vino la canción de Coldplay “Fix you “ y su frase “but if you never try you´ll never know just what you´re worth” …

 

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En los Hervideros, febrero de 2019

Volvamos al 2012, que ya tendremos tiempo de hablar de la felicidad del 19 de octubre pasado, si las mañanas en el hospital eran frías por las tardes, no dejaban de venir gente a animarme, llegó a ser tan grande el número de visitas que tuvieron que decirme que las atendiera abajo en la entrada del hospital, yo estaba mal, y tenía que sacar fuerzas para animar a la gente que venía con todas las actitudes inimaginables. Un día me vino a visitar la pareja de mi amiga Virginia, Pedro, no creo que hablará más de 10 frases seguidas con él en toda mi vida antes de ese momento, se le cruzó un señor antes de su llegada y me dio el típico saludo que odiaba por la espalda, tocando el hombro hacia delante, casi me tira, carezco de control de tronco, Pedro se impresionó, vino con un mensaje directo , como otros muchos, ¿quieres volver a nadar? le  dije que sí,  y él me dijo que iba a buscar la manera en el Metropole para ayudarme a dar brazadas. Tardó unas semanas en volver a aparecer y me ofreció un plan sincero y asumible, no tenía otra cosa que hacer, perdí el trabajo y pensaba que el deporte se había acabado para mí, el cambio fue muy brusco de hacer un Ironman a no mantenerte ni recto en una silla de ruedas. Así que en febrero de 2013 empezamos a ir con Aspaym a la piscina de Las Rehoyas a hidroterapia y posteriormente al CN Metropole. El primer dia que volví a pisar una piscina fue una de las experiencias más frustrantes de mi vida, me llevé mi gorro, un gesto simple e instintivo para un nadador y me fue imposible ponerlo, no mantenía el equilibrio para ello, (al día siguiente  aprendí a ponérmelo solo con Yumei, la terapeuta del hospital), las fisios me preguntaron que qué quería hacer, yo les dije volver a nadar, ellas me miraron  extrañadas, para flotar el primer día me tuvieron que poner 6 churros, fue desolador ver la cara de mi hermana y Silvia en la  lejanía, ni siquiera flotaba…

Mi vuelta a la playa

Mi vuelta a la playa

Todo cambió con el encuentro con Jordi en el CN Metropole, en la piscina de 25 me dijo tu quieres nadar pues vas a nadar, me puso el tubo frontal (me recordaba a despertares) me movió un poco por la piscina, y me dijo nada, ante mi desconcierto, son los 25 metros más lentos de la historia de la natación pero los más felices de mi vida. Esos 25 metros se convirtieron en 1000 metros y de ahí entre Pedro y Rodolfo hicieron el resto ese verano para que volviera a ser un ” casi nadador” . También fue encomiable el apoyo de los Carmelos, Carmelo Santana sin conocerme de nada venía todos los miércoles por el hospital a animarme a que volviera a nadar y me enseñaba sus avances y lo que podría hacer yo. Sobre Carmelo Armas, algún día escribiré como mínimo un capítulo sobre él, vino todos los días de mi hospitalización a animarme con sus historias y cuando regresé a casa apareció con Iván y Aarón para que volviese a nadar en el mar, a punto estuve de regalar mi traje de neopreno porque pensaba que ya no nadaría en el mar, una vez más me equivoqué. Me llevaron a la playa y me subieron a un anfibio de la cruz roja que era lo más parecido a un trono, casi nos caemos todos, fuimos a la barra como si hubiésemos ido al fin del mundo y regresé exhausto a la orilla con los ojos llenos de lágrimas de la emoción de volver al mar con los amigos.

Kike Artabe en representación de la familia recogiendo detalles del homenaje a Carmelo en la reunión técnica de la Bocaina (fotos de la organización)

En marzo de este año, estoy ko tanto física y anímicamente, me apunto a los campeonatos de España de natación adaptada por Comunidades en Madrid, intento prepararme por mi cuenta y sale como tenía que salir, mal, me replanteo si dejarlo y tomarme un descanso o cambiarlo todo, y en ese momento aparece un nuevo entrenador, Cristian Martín. Me decido a comentarle como estoy y que quiero hacer La Bocaina , veo su cara de asombro, me dice que si, pero no se si por pena, para que me callase o para no hundirme más, quién sabe. Desde el primer momento, marca pautas que llevo años sin tener, descansos en series estrictos, kilómetros combinándolo con la handbike, y un control exhaustivo de ritmos e intensidades, el primer mes, me cuesta adaptarme , no se si voy y lo peor si llegaré a la meta en Octubre. Hago un discreto campeonato de España por Clubes y termino el postgrado, me centro en el agua, en la línea azul de la piscina, en comer, cuidarme y descansar, mientras el resto de los mortales se va de vacaciones trabajamos más de 300 kms para llegar a buen puerto. Siempre recordaré el día después de la Boda de David porque aunque estuvimos de fiesta, no fue excusa para cumplir con el entreno de 8,5 kms en piscina.

Cuando llego el último mes  tuve sábados de doble jornadas de casi 11kms, duros porque la mayoría los hice solos, con mal tiempo en Las Canteras, con la ayuda de los socorristas y mi familia para tener los avituallamientos, la cabeza daba vueltas y vueltas, la natación es mi pasión pero realmente este machaqueo servía para algo. Hubo un entreno que casi abandono, tenía 9 kms pautados, pero el mar se puso horrible, Pedro me acompañaba, pasamos dos veces a la Cícer y la segunda el pasadizo se puso horrible, tenía la sensación de que se me iba a salir el hombro nadando contracorriente, cuando salimos de esa, con el piloto rojo de emergencia, nos miramos y nos tomamos el avituallamiento, estábamos reventados.

Otra cuestión que me preocupaba, era que a partir de los 7 kms en el mar me han aparecido síntomas de una rinitis que se me ha vuelto insoportable y que no he tratado, en la travesía de Maspalomas apareció, y todo me hacia pensar que no me dejaría en paz.

Así, llegamos a la semana previa de la prueba, el lunes entrené con normalidad 6 kms, y el martes cambia el tiempo y me encuentro cansado al mediodía, por la tarde voy a la consulta de Jordi, y cuando vuelvo a casa llego muerto y ardiendo en fiebre a menos de 4 días de la travesía, la hemos liado pensé, pasé mala noche con mucho sudor y me levanté con fiebre, si sigo así no podré ir…

Afortunadamente desaparece pero me pego 48 horas en cama, abatido pero con la musculatura intacta. Decido ir a Lanzarote, y cuando llego al Hotel, me aparece de nuevo la fiebre, a menos de 24 horas de la prueba, que milagrosamente desaparece con tratamiento.

Por la tarde, divisamos el estrecho, visualizo cada tramo, cada experiencia pasada de las tres anteriores, toda la gente que ha pasado por mi vida, y las experiencias compartidas, unas buenas y otras no tanto que han pasado en estos años, la suerte esta echada, mañana es el gran día y llegaremos a Corralejo.

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Estrecho de La Bocaina entre Lanzarote y Fuerteventura y ruta que seguí en la prueba

En la reunión técnica, se le hace un sentido homenaje a Carmelo Santana, recientemente fallecido mientras realizaba el reto de su vida, que nos puso a todos el corazón en un  puño, una perdida irreparable para todos.

A las 5:30 del sábado 19 de octubre me levanto como si no hubiese un mañana, voy al baño, desayuno junto a Pedro y Alexis, pienso mucho, hablo poco, no estoy en mi mejor momento pero he llegado hasta aquí con mucho esfuerzo y hoy no puedo fallarme a mi mismo y a todos los que están detrás.

Saliendo de Lanzarote (Foto de Pedro Pérez de la Organización)

Saliendo de Lanzarote (Foto de Pedro Pérez de la Organización)

7:45 apenas amanece en Playa Dorada de Lanzarote y ya estamos en el agua, salimos con el grupo lento acompañados del amigo Carlos con su piragua que nos llevará los avituallamientos. Los primeros 6 kms son los más tranquilos de mi vida, el mar esta completamente quieto y el azul intenso del mar me atrapa, decidimos seguir nuestro rumbo a Corralejo sin el grupo, teníamos permiso y medios, a partir del kilómetro 7 cambia la marea y se levanta el viento, nos desplaza por allá de Lobos, y aquí es donde empiezo a desconcentrarme, me oriento fatal, por momentos el pánico se apodera de mi, y para colmo aparece la rinitis, ni pienso, ni respiro y me desoriento, “mayday mayday” , me paro varias veces porque tenía la sensación de ahogarme con mi propia saliva, Pedro y Carlos se llenan de paciencia y dan ánimos hasta que doy un brujulazo histórico, salgo por delante de ellos y es tan fuerte mi desorientación y la corriente que doy un giro completo  y aparezco por el otro lado del kayak, en ese momento pensé trágame océano, la cara de Pedro y Carlos fue antológica, y yo no tuve mejor manera de salir al paso que decirle a Pedro “ponte en paralelo” que ya ni te veo, así estuve como una hora nadando en un océano de dudas, rondando por mi cabeza una salida a todo esto subiéndome al barco y mil y una cosas más, brazada a brazada seguimos avanzando kilómetros, remontando Lobos, y llegué al punto de cambio de estrategia, para respirar medianamente bien decido respirar cada dos, comer y beber y marcar un rumbo fijo sin negociaciones posibles, proa a Corralejo.

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En plena travesía junto a Pedro

Existe un punto entre las dos islas e islote, que para mi es mágico, que me atrapa como un imán, los rayos de sol atraviesan la superficie del mar, y atraviesan el azul intenso del océano , por debajo solo nos queda oscuridad y yo me siento como si flotara en el cielo, ahí es donde mis brazos navegan solos, algún día pensé en volver y hoy estoy ahí , me olvido de la parálisis, de la rinitis , de los problemas, de los sinsabores, y disfruto de cada brazada como si fuera la última de mi vida.

Cuando pasas la Isla de Lobos sabes que vas a llegar, ya había nadado 9 veces allí y pese al oleaje que iba a más y una corriente que nos tumbaba por momentos, así llegamos al muelle de Corralejo después de 6 horas, de mucho esfuerzo, sacrificio y paciencia por Carlos y Pedro. Cuando llegas a 500 metros de la meta, y el mar ya esta en calma, y miras al fondo es como si el mar se abriera y te diera paso a tu momento de gloria, una gloria sentida con tu mujer, tus amigos, familia y con viejos conocidos en mil batallas y los organizadores.

Foto de la llegada con los amigos (foto de Pedro Pérez de la organización)

Foto de la llegada con los amigos (foto de Pedro Pérez de la organización)

Lo logramos, logramos vencer el paso del tiempo, no me quede inmóvil al borde del camino, pese a mil batallas perdidas en estos años, tuve mi momento de gloria junto a Pedro,  los amigos y mi mujer. Los retos personales están para superarlos, este era gigante sabiendo de donde partíamos pero lo logramos, en el 2008 pensé que aún podía llegar más lejos hoy no sé ni a donde llegaré en un mañana.

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Ya en Corralejo con los amigos relajados con el objetivo conseguido.

Por la noche, cené junto  a Silvia, Fabiola y Pedro, en un ambiente festivo, pese al cansancio,  le lancé una pregunta a mi amigo, cuando fuiste por el Hospital y me ofreciste poder nadar ¿pensabas que llegaríamos tan lejos? sin dudarlo, él me dijo que no, hoy gracias a él cumplí un sueño,  terminar mi cuarta Bocaina.

Foto de la llegada junto a Pedro (foto de la Organización)

Foto de la llegada junto a Pedro (foto de la Organización)